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El Evangelio de los Peques.
Hoy es jueves, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. Casi se me escapa el jueves sin cumplir con el ritual del #TBT, pero el corazón tiene su propia memoria y hoy me reclamó un espacio para volver a mirar estas fotografías.
Hay un hilo invisible que une los recuerdos de infancia de dos amigos, la mía y la de Memo, con la luz dorada de una tarde de primavera en España. Las fotografías que recibí son más que imágenes digitales; son ventanas a una tradición que, en el corazón de la Península Ibérica —quizá bajo el cielo sobrio de Madrid o en la calidez de una provincia castellana—, transforma los patios escolares en escenarios sagrados.
El Evangelio de los Peques
Es la Semana Santa de 2025, y mientras los adultos se preparan para las procesiones solemnes y el aroma a incienso que inunda las calles empedradas, en las escuelas ocurre el verdadero milagro: la "Semana Santa Chica".
En el centro de este retablo viviente está Zoe. La pequeña Zoe, con su túnica de un azul celeste que parece robado al mismo cielo madrileño, interpreta el papel de María. Su abuelo Memo, aquel niño con el que crecí, seguramente habrá visto estas fotos con el pecho inflado de esa nostalgia dulce que solo dan los nietos. Zoe no solo viste de azul; ella encarna la serenidad. En una de las imágenes, la vemos sentada en una pequeña silla de madera, con las manos reposadas y una sonrisa que esconde la picardía de quien sabe que está jugando a ser alguien importante, pero que, en el fondo, solo espera el recreo.
A su lado, el elenco es un despliegue de ingenio y amor docente. Hay túnicas blancas que seguramente fueron sábanas, cinturones de raso morado y coronas de cartón dorado que brillan más que el oro de ley porque cargan la ilusión de un niño de cinco años. Observamos a los pequeños compañeros de Zoe, uno luce una capa marrón con una banda roja, tratando de mantener la compostura de un rey o un apóstol; otro, con un casco oscuro adornado con una pluma roja, hace las veces de un centurión romano cuya mayor batalla hoy será no perder el equilibrio.
Las paredes amarillas de la escuela sirven de lienzo para este cuadro. En una de las fotos, se percibe el caos tierno del "detrás de escena", pues, una maestra inclinada ajustando un velo, una mano que acomoda una túnica, el elenco de voces infantiles que intentan recordar sus líneas. Zoe se ajusta el manto azul con una naturalidad asombrosa, como si el papel de madre del mundo le quedara justo a la medida de su pequeño corazón.
Esta escena es más que un simple recordatorio de que en España la Semana Santa es cultura, es raíz, pero sobre todo es herencia. Que el señor Memo reciba estas fotos de su nieta es cerrar un círculo que comenzó cuando jugabamos en las calles de tierra de nuestra propia infancia.
La infancia, después de todo, es el único territorio donde lo sagrado y lo lúdico caminan de la mano. La infancia es nuestra mejor versión porque es el estado de la verdad pura. Para Zoe y sus amigos, no hay diferencia entre la realidad y el símbolo; ellos son los personajes que representan. No hay ego, solo presencia.
La infancia es ese antes de complicarnos con las teologías y las preocupaciones de los adultos, fuimos capaces de ver el mundo con asombro, de vestirnos de azul y creer, por un instante, que podíamos sostener el cielo en nuestras manos. Que la mirada de Zoe nos devuelva siempre a ese lugar donde lo más importante no es quiénes somos, sino la pureza con la que miramos a los demás.
Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.
ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.
También pueden revisar las últimas publicaciones en la casa de la Comunidad #TopFamily
Portada de la iniciativa.
A ver si se animan, las amigas @cirangela y @faniaviera, y el amigo @theshot2414…
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