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Sentiment
Entrada al Concurso de crónicas reales de Literatos | Carmen
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Carmen aprendió que en Los Andes se madruga como en el llano. Era la segunda hija de un segundo matrimonio y entendió temprano que en su familia andina había jerarquía militar. No hacía ruido. Observaba.
De joven empezó a tomar fotografías. Retrataba montañas, vecinos, niños, algunos bien vestidos, otros no tanto. Decía que con la cámara se miraba mejor. Ella veía historias.
No tenía 20 y se casó. Su madre no estuvo de acuerdo. No gritó, pero tampoco celebró. Carmen siguió adelante. Nunca se supo si fue amor o miedo a quedarse atrás. En los pueblos pequeños, la soltería femenina suele verse como un error que hay que corregir.
Vinieron los hijos. Seis. La casa siempre estuvo llena de bulla, tareas escolares y platos que lavar. Después del segundo embarazo comenzaron los problemas de salud. Dolores persistentes. Cansancio. Carmen no hizo pausa. La prioridad era que nada faltara.
Trabajaba y cuidaba. Fotografió bautizos y cumpleaños para ayudar con los gastos. A veces revelaba imágenes en la noche, cuando el resto dormía. También escribía. Llenaba cuadernos con pensamientos, escenas domésticas, reflexiones sobre la maternidad y el paso del tiempo. No publicó nunca.
El diagnóstico llegó sin ceremonia. Cáncer en un seno. El médico habló de tratamiento, cirugía, probabilidades. Luego mencionó seis meses de vida. Carmen regresó a casa y preparó la cena. No había miedo, pero debía entretener los pensamientos con la cotidianidad.
La mutilación fue inevitable. No convirtió eso en drama. Continuó levantándose temprano. Esta vez llevaba a los nietos a la escuela. Asistía a reuniones. Organizaba la casa. No permitió que la enfermedad se sentara a la cabecera de la mesa.
Superó los seis meses. Luego el primer año. Después el segundo. Fueron ocho años más de lo que habían anunciado. Ocho años en modo agradecimiento. Nunca dejó de cumplir. Si lloraba, nadie se enteró.
En 1999, el deslave de La Guaira arrasó con todo. Cuando pudo regresar, no encontró nada. La caja, la casa y sus escritos habían desaparecido. Ese día perdió sus palabras. No volvió a escribir.
Se mudó. En Caracas comenzó de nuevo. Otra casa, otro ritmo, las mismas preocupaciones. Ya estaba cansada, pero no se permitió detenerse. La enfermedad seguía allí, avanzando en la sombra.
En escena debutó la metástasis. Los tratamientos se hicieron más fuertes y atropellaron su memoria. Carmen, que recordaba fechas de cumpleaños y anécdotas mínimas, empezó a olvidar nombres, rostros, los hijos. Ellos se presentaban todos los días.
El mayor estaba fuera del país. Le dijeron que se iría. Regresó. Entró a la habitación fría en Hoyo de la Puerta. Allí, Carmen, su madre, permanecía siempre acostada, con la mirada fija en un punto que no estaba. Se acercó, le acarició el cabello gris y susurró: mamá.
Durante días ella no había respondido a casi nada. Pero cuando escuchó la voz, algo cambió. Lo miró. Lo envolvió con su mirada. Sonrió. Fue un gesto breve, consciente. Luego cerró los párpados.
Murió.
Carmen no fue famosa. No publicó sus textos. No expuso sus fotografías en galerías. No habló en conferencias. Hizo algo más callado: sostuvo una familia sin permitir que el miedo dictara las reglas.
Le dieron seis meses y respondió con ocho años. Perdió sus escritos y eligió seguir soñando. Perdió un seno y no perdió el ánimo. Perdió la memoria, pero no el último reconocimiento.
Hay historias que no llegan a los periódicos ni a los libros. Se quedan en las casas, en las familias. Carmen es una de esas historias. Podría ser cualquier mujer que haya decidido poner a otros primero. Pero fue ella, con su cámara, sus hijos, nietos y una costumbre firme: nunca dejar la mesa sin servir, aunque el cuerpo estuviera en guerra.
Todos los derechos reservados. © Copyright 2021-2026 Germán Andrade G.
El contenido original fue escrito para:
Segundo llamado concurso de crónicas reales: Historias con nombre de mujer por @es-literatos.
Todas las imágenes fueron editadas en CANVA.
Es mi responsabilidad compartir con ustedes que he utilizado la herramienta de revisión gramatical Grammarly.
Desde mi laptop, 13 de marzo de 2026.

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Comments
13 commentsAmigo, @germanandradeg , Carmen se parece a muchas mujeres que sin ser protagonistas, se convierten en heroínas de sus propias historias... Mi madre, era igualmente una de esas Cármenes que muchas veces tropezamos en las aceras, en el metro en los buses y que ni nos percatamos de que hemos tenido el honor de habernos topado con una de esas cármenes del vecindario, heroínas silentes de cada hogar , de cada pais y del mundo. Gracias por tomar en cuenta también a mi madre ... Saludos y cariños mi querido amigo.❤️
Tu comentario me ha llenado de una luz hermosa y me ha arrancado una sonrisa. Todas las Carmen son especiales; no he conocido a ninguna que sea antipática, indolente u odiosa. Al contrario, irradian amor, especialmente cuando son madres. Este texto ha sido un homenaje a ellas a través de mi vieja. Qué chévere que tu madre también fuera una valiente y admirable Carmen. Gracias, mi Nurys (@numa26), por tan bello mensaje. ¡Besitos!
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🍀😍❤️☘️
Un texto muy emotivo, sincero, real. La protagonista de tu historia se parece a muchas mujeres del mundo, que tienen el alma tallada y se arrancan los clavos con sus propias manos. Saludos, @germanandradeg
Muy amable de tu parte, mil gracias por ese comentario lleno de verdad. Es cierto: son muchas las mujeres que, sin estar en tabloides o tarimas recibiendo elogios, logran ser en el silencio grandes seres humanos; verdaderas heroínas.
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@germanandrade carmen es un ejemplo de perseverancia ante la adversidad un ejemplo de vida te felicito por darlo a conocer saludos,
Carmen fue, es, una muestra de lo que son la mayoría de las mujeres. Por mucho tiempo se ha hablado del género débil, pero realmente son las duras de este planeta. Gracias por la visita y el amable comentario. Saludos.
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