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Sentiment
Ser tonto
La Lógica desafía a Diógenes: ¿Y si la fórmula para la felicidad cínica fuera precisamente aquello que la filosofía desprecia?
Tomemos, amable lector, una de las máximas cínicas:
«Ser tonto y tener trabajo, he ahí la felicidad».
En un intento de comprender el significado de esta aseveración, procedamos a negarla.
En la lógica formal, la lógica de predicados, no podemos aspirar a tanto. No disponemos de información suficiente (asunción de mundo cerrado). Consideramos la máxima cínica una implicación. Hemos hecho una única afirmación: «ser tonto y trabajar es ser feliz»; nada hemos dicho sobre las otras posibilidades. Nada podemos inferir o deducir. Necesitamos presuponer.
Los poetas y los lingüistas disponen de una lógica más sencilla: una frase dice lo que dice y su negación. La máxima original se considera una equivalencia.
Reescribiendo la frase:
«La felicidad es ser tonto y trabajar».
Si la negamos:
«La infelicidad es no ser tonto o no trabajar».
Suponiendo que «listo» sea lo contrario que «tonto»:
«La infelicidad es ser listo o no trabajar».
Podemos concluir:
Si eres «tonto», puedes ser feliz si trabajas.
Si no trabajas, no puedes ser feliz.
El trabajo permite que se muestre la felicidad, según los cínicos. Pero ¿Los cínicos clásicos acaso no despreciaban y rechazaban el concepto de trabajo?
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