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Sentiment
Joseph
El aire acondicionado del auto de papá soplaba frío en la cara de Joseph, de ocho años. Llevaban casi seis horas de viaje desde Tandil.
Afuera, el sol de enero brillaba inclemente sobre la ruta. Era la primera vez que Joseph iba a Mar del Plata, y lo más importante: la primera vez que vería el mar. Sus abuelos le habían contado historias de olas gigantes, arena hasta en las orejas y gaviotas gritonas, pero él no se hacía una idea clara.

"Ya llegamos, campeón", dijo su mamá, girando la perilla del aire.
Al estacionar cerca de un edificio alto, el sonido de la ciudad se coló por la ventanilla. Olía a sal, a panadería y a algo más, algo a humedad y a arena mojada. Joseph agarró su malla y la ojota que había estado mordisqueando y salió disparado. Cruzaron una calle llena de gente con helados y flotadores.
De pronto, un murmullo gigante se hizo presente, como un motor constante y rítmico. Su papá lo tomó de la mano para cruzar un pequeño médano de arena gruesa y caliente.
Y ahí estaba.
Una inmensidad azul, más grande que cualquier río que hubiera visto, extendiéndose hasta donde la vista se perdía en una línea recta perfecta. El sol hacía brillar la espuma blanca de las olas que, una tras otra, rompían con una fuerza imponente.
Joseph se quedó quieto, sintiendo que le temblaban las rodillas. Era demasiado grande.
"¿Qué esperás?", lo apuró su hermana mayor, Sofía, que ya corría hacia el agua.
Él no contestó, solo soltó la mano de su padre y dio un paso tímido hacia la orilla. La arena, ahora fresca y dura, se metió entre sus dedos. La espuma de la primera ola le lamió los tobillos, fría, sorprendentemente fría. Echó a correr hacia la orilla, riendo sin querer, sintiendo la fuerza de la ola que venía y la de la que se iba.
Alcancó a su hermana y se tiró de panza en el agua poco profunda. Un golpe de ola lo revolcó, haciéndolo toser un poco. Cuando se levantó, el gusto a sal era intenso, pero la risa de su hermana lo hizo intentarlo de nuevo.
El mar era ruidoso y fuerte, pero también era increíblemente divertido. Joseph supo, en ese instante de sal y sol, que ese viaje no se le iba a olvidar nunca.
**Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.**

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